Ciencia y Tecnología en Venezuela

Yajaira  Freites, Dpto. Estudio de la Ciencia, IVIC, Caracas

Tomado de Venezuela, Enciclopedia Temática, 3 Vols., Editorial Planeta Venezolana, S.A., Caracas 2002,  pp. 217-239

 

  1. En el mapa del Nuevo Mundo

  2. Las luces reales en la colonia

  3. De la Independencia al fin de la Gran Colombia: 1810-1830

  4. La Oligarquía Conservadora: 1830-1870

  5. La Oligarquía Liberal: 1870-1899

  6. Los liberales andinos: 1899-1935

  7. La ciencia al servicio de la modernización de Venezuela: de 1936 a 1958

  8. La ciencia en la democracia: 1958-1998

  9. El aporte del sector privado

10. Otros ámbitos de la ciencia: el museo y el archivo

11. La política científica y tecnológica

12. La ciencia en la República Bolivariana

1. En el mapa del Nuevo Mundo

 

En 1498, Cristóbal Colón, al descubrir la Isla de Trinidad y bordear su parte meridional, divisó la boca de Serpientes uno de los caños del Delta del Orinoco; llega al actual Macuro, y luego recorre toda la costa de Paria para luego encontrarse con las islas de Margarita y Coche. El paisaje de Paria lo lleva a bautizar estas latitudes como Tierra de Gracia, levantando los primeros mapas del oriente de la que entonces empezó a ser conocida como Tierra Firme, ante las evidencias que los navegantes iban teniendo que las nuevas tierras eran parte de un continente. Así en el mapa del cartógrafo Juan de la Cosa publicado en 1550, la denominación de Veneçuela (Pequeña Venecia) aparece estampado sobre los espacios del actual Golfo de Venezuela y el lago de Maracaibo.

    El territorio venezolano fue objeto de exploración tanto por iniciativas seglares como religiosas; en el occidente predominaron las empresas de seglares tanto a cargo de los propios castellanos como de emisarios de los banqueros alemanes de la Casa Welser o Belzares quienes lo recorrieron en la búsqueda en vano de El Dorado; pero de ello quedó el conocimiento de las diversas tierras al sur de Coro como las de los estados Lara, Yaracuy, Carabobo y parte de los Andes que aparece registrado en diversas memorias como la de Nicolás de Ferdermann. También como parte de la búsqueda del Dorado quedan los relatos del ingles Sir Walter Raleigh quien escribiera The discovery of the Large, Text Box:  
Junto con el botánico francés Aimé de Bonpland, Humboldt realizó importantes exploraciones científicas en la región de Guayana. Alexander von Humboldt a orillas del Orinoco. Friedrich Georg Weitsch, 1806. Óleo sobre tela. Colección Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie, cortesía Intituto Goethe-Caracas


















Junto con el botánico francés Aimé de Bonpland, Humboldt realize importantes exploraciones científicas de la región de Guayana. Alexander von Humboldt a orillas del Orinoco. Friedrich Georg Weitsch, 1806. Óleo sobre tela. Colección Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie, cortesía Intituto Goethe-Caracas
Rich, and Beatuful Empire of Guiana (1596).  Los misioneros, especialmente aquellos que evangelizaron las áreas del oriente,  plasmaron sus actividades en las crónicas de las órdenes, en las cuales hay información acerca de las tierras y los pobladores indígenas de ese entonces, tal como es Conversión de Píritu (1690) del franciscano Matías Ruiz Blanco.

    El sur o la Guayana venezolana fue objeto de atención por parte de los misioneros de la Compañía de Jesús; varios de ellos nos dan noticias de estas tierras como José Gumilla (1686-1750) quien escribiera El Orinoco Ilustrado y Defendido (1741). Ya avanzado el siglo XVIII, la Corona encomendó a la Expedición de Límites con los dominios portugueses recoger información sobre la Guayana, destacándose los aportes realizados por el botánico sueco Pedro Löefling (1729-1756) quien muriera antes de completar su misión; así como el realizado por los cartógrafos de la Expedición que hicieron un reconocimientos del Orinoco, al remontar los raudales de Atures y Maipures identificando las interrelaciones fluviales entre el Orinoco, el río Negro y el Casiquiare. Luego, gobernadores de la Provincia incrementaron el conocimiento del Alto Orinoco, esto es, la parte alta cercana a su nacimiento.

    La primera historia de la Provincia de Venezuela, como pasó a denominarse las tierras entre el cabo de Maracapana (oriente) y de la Vela (en la actual Colombia), fue confeccionada por José Oviedo y Baños (1671-1738), un indiano o individuo nacido en la América, la cual tituló Historia de la conquista y poblamiento de la Provincia de Venezuela (1723), quien combinó la narración de los actos humanos con descripciones de la naturaleza y de los pobladores indígenas.

    De nuevo Venezuela fue puesta en el mapa del conocimiento a raíz de la obra del noble alemán el Barón Alejandro de Humboldt (1769-1859) quien a finales del siglo XVIII visitó las colonias americanas con el permiso de la Corona. Junto con el botánico francés Aimé de Bonpland (1773-1858), desembarcó en 1799 en Cumaná y durante 12 meses recorrieron parte de los territorios de la entonces Capitanía de Venezuela, visitando ciudades como Barcelona, Caracas, Calabozo y navegó por el Bajo y Medio Orinoco llegando hasta Angostura, la actual Ciudad Bolívar. Indígenas del oriente  lo guiaron en su reconocimiento de la Cueva del Guácharo, en tanto los del Orinoco le dieron importantes datos sobre los accidentes geográficos de esa zona. Sus anotaciones científicas, tanto como las de Bonpland, las vertió en diversas publicaciones, siendo la mas conocidas de ellas la titulada Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo (1816) en donde dedicó una parte importante a su estancia en Venezuela.

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2. Las luces reales en la colonia

 

Desde 1721 la Provincia de Venezuela contó con la Real y Pontificia Universidad de Caracas en la cual se instruía en Teología, Derecho Canónico, Derecho y luego tardíamente en Medicina (1763), la cual no contaba con muchos egresados, al contrario de la Teología y el Derecho. También en la universidad se cursaba el trienio filosófico que permitía optar al título de bachiller antes de pasar a las carreras propiamente universitarias. Fue en este nivel que el maestro venezolano Baltasar de los Reyes Marrero (1752-1809), tomó la iniciativa en 1788 de explicar las primeras ideas de ciencia en el campo de la física y la matemática, lo cual desató una controversia al interior de la institución. Este hecho daría lugar a que con el tiempo en la universidad caraqueña convivieran las ideas de la tradición con las modernas representadas por la ciencia, aunque para ese entonces el asunto fuera sólo discusiones y no se realizaran experimentos o prácticas de laboratorio, situación que era igual en las universidades avanzadas del mundo.

    La enseñanza propiamente de las matemáticas con objetivos prácticos estuvo a cargo de ingenieros reales y de oficiales del ejercito español destacado en las ciudades o puertos como Caracas, la Guaira o Cumaná, quienes fundaron Academias que por lo general funcionaban en sus casas de habitación; la permanencia de aquellas estaba condicionada a la duración o estadía de estos funcionarios de la Corona en estos lugares. Los jóvenes, por lo general mantuanos, que lograron completar el programa de estudios de estas academias extramuros, recibieron el título de ingenieros, tales como el cumanés Antonio José de Sucre, el futuro Mariscal de Ayacucho.

    Otra iniciativa a favor de la enseñanza de las matemáticas estuvo a cargo de religiosos como el Padre Andújar quien impartiera clases de matemáticas por poco tiempo, circunstancia de la que se aprovechó el entonces joven mantuano Simón Bolívar.

    La medicina constaba de una sola cátedra; el primero que la regentó y quien puede considerarse el fundador de los estudios médicos en Venezuela, fue el  médico de origen mallorquín (Isla de Mallorca, España)  Lorenzo Campins y Ballester (1726-1785), quien había pensado que una forma de combatir el auge la práctica de curanderos en la sociedad colonial,  era con la creación de los estudios médicos en la Universidad. Sin embargo, al cabo del tiempo, pocos jóvenes estaban dispuestos a adiestrarse como médicos y, por tanto, los curanderos seguían predominando. A ello se unía el hecho que en la practica médica se separaban las actividades del médico de las del cirujano; éstos últimos, por lo general, eran barberos de origen pardo, mulato o indígena, y eran quienes, generalmente bajo la supervisión de un médico, realizaban las cirugías de la época: extracción de dientes, sangramiento, amputación de un miembro. Obviamente la asepsia  o la noción de la misma no era considerada por ambos practicantes, razón por la cual los pacientes huían de los tratamientos de los médicos y sus cirujanos y prefiriesen tratarse con los curanderos o empíricos que tenían procedimientos menos drásticos. En ocasiones, estos curanderos eran más acertados en sus diagnósticos y terapias que los universitarios, posiblemente porque, al contrario de los primeros, tenían en su haber una práctica extensa de contacto con los enfermos.

    A fin de regularizar el ejercicios de la medicina por parte de médicos extranjeros sin licencia como de los curandero, el mismo Campins y Ballester impulsó la creación del Protomedicato (1780), una institución típicamente española, la cual era un tribunal que examinaba las credenciales  y daba el visto bueno a no a todos aquellos individuos, titulados o no  en el país, que deseaban ejercer la medicina o alguna actividad relacionada con la salud, tales como los obstetras, parteros o comadronas, farmaceutas, boticarios o herbolarios (que usaban de yerbas con fines terapéuticos), barberos-sangradores o flebotomistas, barberos-cirujanos, así como curanderos de ambos sexos.  Pero dado que la acción del Protomedicato se circunscribía a la ciudad de Caracas, su acción tuvo poca influencia en mejorar el ejercicio médico.

    Un evento a favor de erradicar la viruela fue el esfuerzo que la Corona Española realizó al organizar la Expedición de la Vacuna que deambuló por tres años, llevándola a todas las colonias españolas de las Américas y las Filipinas. La Expedición estaba a cargo del médico Francisco Javier Balmis (1753-1819), quien antes de esta comisión real se había desempeñado como médico en el Oriente de Venezuela. Balmis, de nuevo arribo a Venezuela, esta vez con la vacuna en 1804.

   En Mérida a se organiza a instancias del obispo el  Colegio Seminario de San Buenaventura (1785) que permitió a los jóvenes de la zona acceder a la educación superior, sin tener que trasladarse a Caracas. En tanto en Cumaná los vecinos lograron que el Rey les permitiera organizar unas cátedras en donde se instruía en Gramática Latina, Teología y Filosofía Moral.

    La capacidad científica y técnica de la sociedad colonial asentada en las tierras de la Capitanía General de Venezuela, se incrementó en la medida que entes como la Real Intendencia y de Hacienda (1775) estuvieron interesados no sólo en la recaudación de impuestos para el Rey, sino en explorar otras actividades productivas, tales como el cultivo del tabaco que se exportaba al mercado de Holanda, que derivó en una estructura monopólica estatal denominada El Estanco; los funcionarios del Estanco, obviamente especialistas en su campos, tenían a su cargo la selección de tierras, de semillas, así como la supervisión de las siembras, la cosecha y recolección y secado de las hojas, brindando asesoría a los productores privados que formaban parte del Estanco. Todo ello con miras a garantizar un producto de calidad que se cotizaba bien en Europa y asegurar un mercado, el cual fue perdido al precipitarse  la Independencia y, luego al instalarse definitivamente la República en 1830, no se pudo recuperar.

    Uno de los integrantes del Estanco del Tabaco fue el criollo Carlos del Pozo y Sucre (1743-1813), quien también llevaba a cabo por su cuento estudios sobre la electricidad con instrumentos que importaba de los Estados Unidos o inventados por él, guiándose por lecturas de autores científicos. Humboldt da cuenta de éste individuo en su obra de su encuentro con él en la ciudad de Calabozo.

    Otra institución colonial el Real Consulado (1793) integrada por comerciantes y terratenientes criollos estuvo interesada en la construcción de caminos, se preocupó por conocer las formas de mejorar los cultivos como la caña de azúcar, el cacao, café, así como de procesar algunos de sus productos. En sus tareas de construcción utilizó las destrezas de los ingenieros reales existentes y tuvo conciencia de la necesidad que la Provincia debía  contar con una capacidad técnica propia. De su seno surgió la idea de crear una Academia de Matemáticas que tuviera dos cátedras de Química y Matemáticas aplicadas a las necesidades de las actividades productivas de la sociedad de ese entonces. Esta iniciativa se vio entorpecida por los celos entre instituciones coloniales, lo cual llevó a que el Rey Carlos IV (1805) pospusiera su creación para otros tiempos, posiblemente  esperando que las rencillas se subsanaran.

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3. De la Independencia al fin de la Gran Colombia: 1810-1830

 


    Los hechos de abril de 1810 y luego la declaración de independencia de 1811, en un primer momento, generaron una serie de iniciativas de las nuevas autoridades a favor de incrementar el saber pero que debido a los acontecimientos inmediatos quedaron sólo como buenas intenciones. Así, en Caracas la Junta Conservadora de los derechos de Fernando VII decretó la creación de la Academia Militar de Venezuela, que nunca llegó a instalarse; en Mérida, sus autoridades convirtieron al Colegio Seminario de Buenaventura en  Real Universidad (1810), luego conocida hasta hoy como Universidad de los Andes (ULA), igualándola a la de Caracas en cuanto el otorgamiento de grados académicos, y agregando cátedras de Filosofía, Anatomía y Matemáticas; y en Cumaná, el Cabildo dispuso la fundación de la Universidad del Estado Federal de Cumaná (1812), que debía funcionar en el antiguo convento de San Francisco, que fue destruido por el sismo de ese año. Luego, en un segundo momento, al definirse las aspiraciones independentistas, gran parte de los funcionarios de la Corona que tenían experticia científica y técnica migraran del país o tomaran partido armado por la Corona; de igual manera, la prolongada guerra diezmó a la futura sociedad republicana de valiosos elementos humanos y devastó la economía floreciente del anterior período.

    Sin embargo este tiempo de caos social fue aprovechado por algunos venezolanos que tuvieron que migrar por razones de sus ideas republicanas, para estudiar y ganar experiencia en el exterior; entre ellos se destacaron el caraqueño Andrés Bello (1781-1865), quien lamentablemente sus servicios fueron aprovechados por Chile; mejor suerte tuvo el médico, oriundo de la Guaira, José María Vargas (1786-1854) quien después de hacer estudios complementarios en la Universidad de Edimburgo regresó a Venezuela (1825), y empezó a enseñar anatomía y química médica, conocimientos ausentes en la medicina que se enseñaba en la Universidad de Caracas. Al igual que Vargas, Juan Manuel Cajigal (1803-1856), nacido en Barcelona (Anzoátegui),  tomó aprovechó de ir a España e ingresar en la Academia de Alcalá de Henares donde obtuvo su formación matemática, regresando al país en 1828; él organizara la primera escuela de ingeniería que tuvo el país.

    Al terminarse el período de guerras y establecida la Gran Colombia, el gobierno autorizó en  1824,  la creación del Colegio Nacional de Cumaná y el de Guayana, instalándose ambos centros después de 1830.

    En 1827 Simón Bolívar le otorgó nuevos estatutos a la Real y Pontificia Universidad de Caracas, convirtiéndola en la actual Universidad Central de Venezuela (UCV); esta reforma dio lugar a la introducción de las cátedras de matemáticas, filosofía y física experimental, y  de química como parte de los estudios del trienio filosófico o bachillerato que entonces formaba parte de los estudios superiores. Al otorgar igualdad de oportunidades a los catedráticos de medicina para ser elegidos como rectores permitió que esta disciplina junto con las tradicionales de teología, cánones y derecho tuviera similar prestigio, ayudando a su desarrollo posterior. Finalmente al expropiar varios conventos y haciendas cacaoteras dotó a la UCV de un patrimonio económico propio, que junto con  otras medidas le permitía el autogobierno y la  liberaba de la tutoría de la Iglesia Católica.

    Los estudios de medicina y derecho fueron objeto de reforma para actualizarlos. En la medicina, bajo la influencia de Vargas se introdujo la disección de cadáveres, el estudio de la anatomía y de la cirugía, así como la química médica, siendo su primer catedrático. Por su parte el derecho civil empezó a tener más importancia que el eclesiástico o canónico, y como parte de los cambios, los estudiantes estudiaban economía política. El derecho pasó a ser concebido como la carrera usual para la formación de los gobernantes del país.

    Los primeros catedráticos de matemáticas y filosofía y física experimental fueron los venezolanos José Rafael Acevedo (1806-1864) y Alejandro Ibarra (1813-1880), respectivamente, quienes habían obtenidos sus grados de Maestro en la misma universidad caraqueña.

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4. La Oligarquía Conservadora: 1830-1870

 

Durante este período se siguieron parte de las políticas grancolombinas en el campo de la educación como era la creación de los colegios nacionales en las distintas capitales y ciudades provinciales (Cumaná, Guayana, Barcelona, El Tocuyo, Maracaibo, Margarita y Calabozo)  a través de los cuales se impartía los estudios del trienio filosófico tal como había sido establecido para la UCV.  Con el devenir del tiempo, algunos de estos colegios se les dio autorización para la creación de los estudios de derecho y medicina, pero salvo algunos de ellos, pudieron mantener la continuidad de dichos estudios. En el de Cumaná, enseñó el médico de origen francés Luis Daniel Beauperthuy (1807-1871), quien fue al primero que se le ocurrió la idea que en la transmisión de la fiebre amarilla estaba de por medio un vector, el mosquito; si bien el artículo en que exponía su posición fue publicado en la revista de la Academia de Ciencias de París, Comptes Rendus (1856), este punto de vista no fue entendido en su época, y se adelantó  a la misma propuesta que luego expusiera (1881 y 1890) el cubano Carlos Finlay.

    El Congreso de 1830 autorizó al Ejecutivo para crear una institución de estudios militares, mejor conocida entre nosotros como la Academia de Matemáticas; el encargado de su organización (1831) así como su primer director y uno de sus pocos catedráticos fue el joven Juan Manuel Cajigal. La academia tenía por objeto dotar al ejército republicano de oficiales y de ingenieros al servicio del Estado. Su ligazón a la esfera militar limitó el desarrollo y actualización de los planes de estudio, centrados en la enseñanza de las matemáticas, así como la contratación de nuevos profesores o que vetaba a los que existentes por sus ideas políticas contrarias al gobierno. Y si bien, de la Academia no egresaron oficiales para el ejercito, si lo hicieron ingenieros civiles, aunque tenían escasas oportunidades de poner en práctica su formación.

    También a instancias del Congreso de 1830 se organiza la Comisión Corográfica integrada por el italiano Agustín Codazzi (1793-1859)  y un asistente, a fin de confeccionar un mapa de la recién constituida Venezuela. Codazzi, después de innumerables contratiempos da termino a la tarea al publicarla bajo el titulo Atlas Físico y Político de la República de Venezuela, el cual se imprime con dinero del Estado en 1840 en París, junto con El Resumen de la Historia de Venezuela (1841) escrito por el zuliano, Rafael María Baralt (1810-1860), con la ayuda de Manuel Díaz; De esta manera, Codazzi, Baralt y Díaz proporcionan al país la primera geografía e historia de la Venezuela independiente, respectivamente, contribuyendo así la ciencia a  la creación de la identidad nacional durante esta época de la república.

    Algunos exploradores extranjeros  visitaron al país como los alemanes Herman Karsten (1844 y 1852), Augusto Fendler (1853-1856), Ferdinand Appun, (1849-1858), Hermann Wagener (1848-1853) y Julio Gollmer (1852 y 1857); los belgas Jean Linden, J. Schilim y Nicolás Funck (1841 y 1845) y el norteamericano Richard Spruce (1853 y 1854). El alemán Karl Moritz  regreso en 1840 estableciéndose en la Colonia Tovar hasta su muerte en 1847. Todos ellos, tuvieron escaso contacto con el mundo científico de la Venezuela de ese entonces, limitándose a recolectar los ejemplares y remitirlos a Europa, pasando éstos a formar parte del patrimonio de los museos y/o jardines botánicos de esa latitud y escribiendo sus trabajos en una lengua distinta al castellano.

    Otro explorador pero interesado en la geografía fue el alemán Robert Hermann Schomburgk, encargado por la Real Sociedad Geográfica de Londres para estudiar  la Guayana Británica (hoy República de Guyana) y territorios adyacentes a Brasil, Surinam y Venezuela entre 1835-1839. La Corona Británica lo comisionó, junto con su hermano Ricardo, para trazar la frontera entre Venezuela y su posesión en la Guayana (1841-1844), dando lugar a la línea Schomburgk a raíz de la cual se inició la controversia entre Venezuela y el Reino Unido por la posesión de la cuenca del río Esequibo.

    Surgen varias sociedades científicas y culturales, destacándose la Sociedad Médica de Caracas y la Sociedad Económica Amigos del País, una herencia de la España Ilustrada. Esta sociedad congregó a las individualidades más conspicuas de ese entonces y de hecho asesoraba al Ejecutivo en diversas materias que iban desde las finanzas públicas, agricultura o educación; en esta última tuvo diversas actividades tendientes a incrementar los saberes artesanales dentro de la sociedad de entonces.

    A partir de 1847 con el régimen de los hermanos Monagas el país entró en un período de convulsión que tuvo su culminación en la Guerra Federal; durante esa época el breve gobierno conservador de Manuel Felipe Tovar creó el Colegio de Ingenieros de Venezuela (1861).

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5. La Oligarquía Liberal: 1870-1899.

 

El fin de la Guerra Federal (1868)  condujo a los gobiernos de los liberales, pero es a partir de 1870 con el primer mandato de Antonio Guzmán Blanco (1870) que comenzará un período mas estable. Guzmán Blanco en 1870 decretó la instrucción primaria como gratuita y obligatoria; a la par que estímulo el crecimiento de la matricula de la primaria, fortaleció a los colegios nacionales ahora federales, algunos de los cuales al finalizar el siglo XIX se convirtieron en Universidades tal como el de Maracaibo (1891) y el de Valencia (1892).

    La UCV también experimenta transformaciones de varios tipos. Por una parte, dado el crónico mal estado de sus finanzas, su patrimonio fue puesto en subasta, pasando su presupuesto a depender de las remesas del Estado. Y por otra parte, se  integro la ingeniería (1878) como parte de los estudios universitarios, desapareciendo la Academia de Matemáticas; se crearon en 1874 las cátedras de Historia Universal y de Historia Natural en el Trienio Filosófico, a través de las cuales los catedráticos Rafael Villavicencio (1837-1920) y el alemán Adolfo Ernst (1832-1899), respectivamente, introdujeron en la universidad caraqueña las corrientes del positivismo y el evolucionismo que ya para ese entonces dominaban el mundo científico e intelectual europeo; ello ayudó a la larga  a cambiar la mentalidad y el mundo intelectual de al menos los sectores educados de la sociedad venezolana.

    Se deben también a la iniciativa de Guzmán Blanco la creación de entes como la Dirección Nacional de Estadísticas (1871), la Biblioteca Nacional (1874), el Museo Nacional de Ciencias (1874), el Archivo General de la Nación (1877), así como la participación de Venezuela en las Exposiciones Internacionales (Viena, Bremen, Chile, Filadelfia, París, Boston, Nueva Orleáns y Chicago) a través de las cuales se promocionaba las riquezas naturales del país y los adelantos que en ese entonces experimentaba bajo las políticas de modernización de Guzmán y sus seguidores, como elementos para atraer las inversiones extranjeras. Científicos como el propio Ernst y el químico Vicente Marcano (1848-1892)  contribuyeron a ello,  al ser responsables de organizar parte del material natural expuesto, así como de la redacción de los Catálogos donde se reseñaba las condiciones económicas y sociales atractivas del país.

    Vicente Marcano, había estudiado química en París; creo el Laboratorio Municipal (de química) (1890), que luego se convirtió en el Laboratorio Nacional (de Química) (1893); tuvo una intensa actividad divulgativa en la prensa del país, a la par que realizaba  diversas investigaciones sobre los productos naturales del país. Los resultados de algunos de ellos los remitió como artículos a la Academia de Ciencias de París para su lectura, siendo algunos publicados en los Comptes Rendus Hebdomaires de la mencionada Academia. Dejó un discípulo, el también químico Antonio Pedro Mora (1860-1945) quien en 1893 se convirtió en el primer director del Laboratorio Nacional (de Química), adscrito al Ministerio de Fomento. Por su parte Ernst, además de ser catedrático universitario fue el primer director de la Biblioteca Nacional como del Museo, a la par que efectuaba estudios sobre la flora del país y daba a conocer sus hallazgos en revistas científicas inglesas y alemanas.

    Los presidentes que se alternaron con Guzmán Blanco en el ejercicio del poder continuaron en parte la obra de aquel en el ámbito cultural y educativo. Así se creó el Observatorio Cajigal (1888), la Academia Nacional de la Historia (1888), el Laboratorio Nacional (Química) (1891); en tanto el  Hospital Vargas (1888), que alojó varias cátedras médicas, se transformó en el centro de la reforma de los estudios en dicha disciplina, liderada por médicos venezolanos que habían completado su formación en Europa tales como Luis Razetti (1862-1932), Pablo Acosta Ortiz (1864-1914), José Gregorio Hernández (1864-1919), Aníbal Dominici (1869-1954); ellos introducen a partir de 1891 la bacteriología, la microbiología, la fisiología y la investigación clínica como parte del entrenamiento de los futuros médicos. A partir de 1901, el Vargas contará con su propio Laboratorio donde Rafael Rangel (1877-1909) hizo sus trabajos de investigación en la parasitología tropical.

    Una situación similar fue vivida en Maracaibo con la creación del Hospital de la Chiquinquirá (1894) donde fue instalada la cátedra del Clínica Médica y Cirugía regentada por Manuel Dagnino [1834-1901], emigrante italiano, oriundo de Génova. Después de un tiempo en Maracaibo, Dagnino se fue a Francia en 1886 donde realizó unas pasantías en clínicas francesas y luego regresó a Maracaibo. Este dio impulso a las reformas de manera que el ya instalado Anfiteatro Anatómico (1884) se convirtió en un escenario para la realización de investigaciones en fisiología, anatomía, disección y estudios de laboratorio. En 1897 se creó el Instituto Pasteur de Maracaibo, con una sección de Bacteriología y otra de Serología, donde se preparaba el suero de la Carrasquilla, para el tratamiento de la lepra.  Finalmente, como parte de la misma efervescencia científica, los médicos de la región fundan la Sociedad Médica Quirúrgica del Zulia (1917) y organizan la celebración en Maracaibo del segundo Congreso Venezolano de la Medicina (1917), auspiciado por la Academia Nacional de la Medicina.

    En el ámbito privado se crea el Instituto Pasteur de Caracas (1895-1900), a cargo de la iniciativa de los médicos reformadores como Dominici, Acosta Ortiz, Meir Flegel, Nicanor Guardia hijo y Elías Rodríguez.

    El Ministerio de Obras Públicas (MOP) (1870) encargado de las obras públicas que se inician en esa época, contribuyó al primer auge de la ingeniería venezolana,  proporcionando oportunidades de empleo y experiencia a los ingenieros venezolanos egresados de la Academia de Matemáticas;  se construyeron obras públicas emblemáticas como  el Palacio Federal,  obras de urbanismo en Caracas (Santa Teresa, el Teatro Municipal, el paseo del Calvario, por ejemplo), la vía del tren Caracas- La Guaira, entre otras. Jesús Muñoz Tébar (1847-1909), egresado de la Academia de Matemática, fue el primer ministro del MOP, dando comienzo a una estrecha relación entre el Estado y la ingeniería.

    Durante esta época de los Liberales hubo un auge de sociedades culturales, literarias y científicas, entre éstas últimas se encontraba la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Caracas, liderada por Ernst, Villavicencio, Muñoz Tébar entre otros. Durante ese período se crean la Academia Nacional de la Lengua  (1883) y la Academia Nacional de la Historia (ANH) (1888).

    La ANH tuvo entre sus integrantes a Lisandro Alvarado (1858-1929), Alfredo Jahn (1864-1940) y Pedro Manuel Arcaya (1874-1958) pioneros de la antropología en el país. Otros, como Ángel César Rivas (1873-1930) y Caracciolo Parra León (1901-1939) contribuyeron a  rehabilitar la herencia colonial española, desechando las exageraciones patriotas. Entre tanto José Gil Fortoul (1861-1943), Pedro Manuel Arcaya (1874-1958), Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936), César Zumeta (1864-1955) en el análisis histórico de sus obras utilizaron conceptos provenientes de las ciencias sociales como la antropología, la sociología, la psicología y la etnología, que fungieron como disciplinas auxiliares. Todo ello contribuyó a enriquecer la imagen que de su pasado había tenido la sociedad venezolana.

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6. Los liberales andinos: 1899-1935

 


La llegada en 1899 a Caracas de las tropas de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez dará lugar a la larga hegemonía de los caudillos tachirenses. Estos acometerán varias tareas destinadas al control del país en diversas dimensiones; para lo cual demandaran de los saberes de la ingeniería, la medicina y la abogacía, las cuales contaban con un contingente de profesionales universitarios.

    El control del territorio implicaba varias formas de hacerlo. La primera de ellas consistió en renovar la cartografía nacional para lo cual fue creada la Oficina del Mapa Militar (1904), luego Físico y Político (1911), integrado por las diversas comisiones topográficas y astronómicas a cargos de ingenieros que realizaban las distintas mediciones tanto para los límites internos como los internacionales, coordinados por el Observatorio Cajigal; tales actividades se plasmaron en el Mapa General de Venezuela (1928), como en la delimitación y fijación de límites con el Brasil, y en parte con Colombia y la entonces Guayana Inglesa hoy República de Guyana. En estas tareas de cartografía se destacaron los ingenieros Felipe Aguerrevere (1846-1934), Santiago  Aguerrevere (1865-1934), Francisco José Duarte (1883-1972), Luis Ugueto (1870-1936), y Alfredo Jahn  (1867-1940); éste, también  comandó la Comisión Científica Exploradora del Occidente del País del MOP, y una vez finalizada sus tareas, escribió los resultados de sus observaciones sobre aspectos geológicos, glaciológicos y etnológicos. Con sus propios recursos efectuó expediciones al sur del país, lo cual le permitió confeccionar una síntesis moderna de la geología moderna en Venezuela. Jahn también se interesó por la botánica.

    Las comunicaciones terrestres fueron seleccionadas como otra forma de control del espacio. La primera red de carreteras nacionales fue diseñada a partir del diagnóstico in situ y de las recomendaciones realizadas por los ingenieros integrantes de las Comisiones Exploradoras del país, permitiendo a la Sala Técnica del MOP establecer los distintos planes para las regiones; se dio prioridad a la comunicación del Táchira con la región central del país. A través de la Sala Técnica se impulsó con éxito la técnica del Telfor-MacAdam o macadán en la construcción de carreteras. También se aplicó la técnica del concreto armado en las edificaciones públicas, ejemplo de ello fue el actual local del Archivo General de la Nación. Una tabla de las especificaciones de cemento fue confeccionado por la Sala Técnica y estuvo vigente hasta 1934, cuando fueron sustituidas por las de la American Society for Testing. 

    Los médicos contribuyeron al control mediante el inicio sistemático de una salubridad pública desde la Oficina de Sanidad Nacional (1911), que incluía laboratorios en Bacteriología y Parasitología,  Química Bromatológica, Análisis de Agua,  Fisioterapia y Radiumterapia, como de BCG, éste último, fabricaba la vacuna contra la tuberculosis. Desde esa Oficina también se realizaron los primeros trabajos para identificar los vectores del paludismo, y  una encuesta sobre la  anquilostomiasis. Para tales tareas la Oficina recibió la asesoría de los expertos de la Fundación Rockefeller (1927 y 1928). Otras investigaciones estaban dirigidos a identificar y/o establecer la existencia de diversas enfermedades en el país; así sobre bilharzia trabajaron Jesús Rafael Risquez (1883-1947) y Juan Iturbe (1883-1962); J.M. Romero Sierra (1883-1953) sobre ácaros y larvas; Rafael González Rincones (1885-1958) y Enrique Tejera (1889-1980) sobre Tripanosomas y Chagas; Eudoro González (1887-1946) en hongos parasitarios.

    Los médicos venezolanos, también emplearon con éxito técnicas ideadas en Europa.  Un ejemplo de ello fue José Francisco Torrealba (1896-1973),  radicado en Zaraza, quien aplicó por primera vez (1933), la prueba de xenodiagnóstico en humanos -inventada por el francés Emil Brumpt-  que permitía detectar temprano e inequívocamente al  enfermo de Chagas.

    De nuevo los profesionales de la ingeniería fueron requeridos cuando a partir de 1929 se empieza a construir el sistema de supervisión y control de la industria petrolera en el Ministerio de Fomento (MF), que permite establecer al propio Estado la renta que debe obtener de la extracción y exportación de petróleo; para ello se crearon las Inspectorías Generales de Hidrocarburos. Ingenieros venezolanos fueron  enviados a estudiar en los Estados Unidos para conocer del ramo, y se incorporan a la naciente organización, ante la carencia en el país de profesionales de la geología como de ingeniería petrolera. El primer Inspector de Hidrocarburos fue el venezolano Guillermo Zuloaga (1904-1984)  quien había obtenido su doctorado en geología en el Instituto Tecnológico de Massachussets (Estados Unidos) (1930), por cuenta propia.

    Las sociedades científicas auspiciadas por el Estado, tales como las Academias Nacionales pasaron a ser las preponderantes, al contrario de las épocas anteriores en donde predominaban las iniciativas privadas. Las Academias se constituyeron en un sistema de reconocimiento por parte del Estado a los profesionales destacados que laboraban a su servicio. En esa época se crearon la Academia Nacional de la Medicina (ANM) (1904), la de Ciencias Políticas y Sociales (ACPS) (1915) que recompensa a los abogados y otro tanto ocurrió con los ingenieros a través de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (ACFMN) (1917). Sólo la de Medicina tuvo una actividad mas dinámica al intentar poner en práctica sus funciones al  propiciar el desarrollo de la disciplina,  a través de la realización de sus reuniones periódicas, la organización y celebración de congresos de la especialidad en diversas ciudades del país, y la publicación regular de su revista La Gaceta Médica de Caracas, donde se daban a conocer  los hallazgos de investigación de los médicos pertenecientes o no  a la Academia; permitiendo ser conocidos en el exterior, tal como le  aconteció a José Francisco Torrealba y su trabajo sobre Chagas.

    La educación superior se restringió a la UCV y a la ULA, cerrándose las universidades provinciales de Valencia (1902) y la de Maracaibo (1904) y el Colegio Superior de Guayana (1904), que ya contaba con una escuela de medicina. Luego en la década siguiente (1912-1918), la Universidad como tal  fue objeto de una reforma orientada a la formación estrictamente de profesionales en disciplinas que el régimen consideraba útil: medicina, abogacía, ingeniería, farmacia y odontología, el Trienio Filosófico se dejó de cursar en la Universidad, para serlo en los colegios federales que entonces quedaban. También como parte de la reforma, en un principio se buscó desarticular en si la institución universitaria, cuando a partir de 1915, se crea para cada disciplina las respectivas Escuelas Superior en sedes distintas físicas, cerrándose de hecho a la UCV (1912); cuando es preabierta (1922), ello se realiza con la congregación en su sede de las Escuelas Superiores.

    Durante este período se fundaron escuelas técnicas como la de Expertos Químicos y de Aduanas (1912), adscrita al Ministerio de Fomento (MF), la de Oficiales de Sanidad y Técnicos de Laboratorios (1930),  y la de Expertos Agropecuarios (1932), al entonces Ministerio de Salubridad, Agricultura y Cría (1930). Ninguna tuvo rango universitario.

    Si bien la enseñanza de las ciencias estuvo sometida a las estrictas necesidades de la medicina, la ingeniería, la farmacia y la odontología, algunos profesionales tenían intereses más allá de lo práctico. Así el ingeniero y matemático Francisco José Duarte publicó en los Comptes Rendus de la Academia de Ciencias de Francia (1907)  su trabajo matemático sobre el cálculo de Pi  con doscientos decimales. También a principios del siglo XX, el ingeniero Alberto Smith (1861-1942), catedrático de Filosofía y Física Experimental en el Trienio o bachillerato la dotó de un renovado laboratorio de física y se propuso dictar un Curso especial y libre de radiología teórica y experimental (1912), haciéndose eco de los descubrimientos que Pedro y Marie Curie venían haciendo es el área de la radioactividad; pero este proyecto no se habría llevado a acabo cuando Smith por desavenencias políticas con Gómez se exiló del país.

    La contratación de expertos extranjeros para poner en práctica algunos de los programas del gobierno, especialmente en el campo agrícola y pecuario posibilitó la venida al país del botánico suizo-norteamericano Henri Pittier (1857-1950), del médico veterinario checoeslovaco Vladimir Kubes (1904-?); ambos, posteriormente tendrán influencia en el desarrollo de la botánica y de la veterinaria en Venezuela. Pero en esa época, Pittier, creo el  Herbario Nacional, ahora alojado en el Jardín Botánico de la Ciudad Universitaria de la UCV, y escribió su valioso trabajo El Manual de Plantas Usuales de Venezuela (1926) y su Complemento (1939). En tanto Kubes dictó el primer curso de sanidad animal (1934).

     Otros extranjeros como los geólogos, estuvieron a cargo de la exploración geológica a cargo de las empresas petroleras interesadas hallar las cuencas petrolíferas. Obviamente estas compañías guardaban para si los resultados de estas exploraciones, pero el geólogo académico el norteamericano como Ralph A. Liddle  dio a conocer las suyas en el The Geology of Venezuela and Trinidad (1928).

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7. La ciencia al servicio de la modernización de Venezuela: de 1936 a 1958

 


Al morir J.V. Gómez en diciembre de 1935, el gobierno es asumido por el entonces Ministro de Guerra y Marina, Eleazar López Contreras quien le tocará iniciar un nuevo estilo de gobierno, cuyas directrices se encuentran condensado en el Programa de febrero de 1936; en este documento que no fue sólo un proyecto político sino que en la practica de constituyó en un programa de acción, López Contreras proponía sus políticas para  modernizar a Venezuela, combinando la reforma política moderada, acompañada de reformas sociales basadas en soluciones técnicas destinadas a lograr  las bases de una sociedad del siglo XX. Para ello requería que el aparato estatal también se modernizara creando nuevos entes, así como congregara a profesionales universitarios y técnicos quienes estarían a cargo de  diseñar y poner en prácticas las diversas soluciones técnicas; algunas de ellas requerían de conocimientos y profesionales de los cuales no disponía el país. En razón de ello se recurrió, por un parte, a la contratación de personal profesional y técnico extranjero, y por la otra, se envió al exterior a jóvenes universitarios y técnicos de ambos sexos a fin de completar su formación en áreas que eran de interés para el Estado. Entre ambos grupos contribuyeron a través de la docencia a la formación de recursos humanos en el país.

    Desde 1936 el gobierno de López Contreras y los sucesivos que le sucedieron, aun los de signo político distinto (AD en 1945, Pérez Jiménez y luego la democracia del Pacto de Punto Fijo 1959-1998) concretaron políticas en el ámbito de la salud, la educación, la infraestructura del país, destinadas a lograr las bases humanas y materiales de una  sociedad venezolana para el siglo XX. De allí que de una salud pública con medidas preventivas circunscritas a determinadas ciudades y  a puertos se pasó a una salud pública amplia que intentaba llegar a todos los rincones del territorio a través de entes como el nuevo Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS) (1936) y sus delegaciones  regionales y municipales que pusieron en práctica medidas de prevención como de curación; las primeras se expresaron en una campaña sostenida de erradicación del paludismo o malaria usando el DDT, a cargo de la Dirección de Malariología (1936) dirigida por Arnoldo Gabaldón (1909-1999), mientras otras instancias dependencias del MSAS se ocupaban de la viruela y la reducción a niveles bajos de la mortalidad en  enfermedades como el sarampión, sífilis, tuberculosis, bilharzia.

    El surgimiento de la ingeniería sanitaria dentro del propio MSAS, se dio con la puesta en marcha de  programas de acueductos y viviendas rurales; y, luego, con la creación del Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS) (1943) que empezó a  dotar a las ciudades venezolanas de redes de cloacas y de un suministro constante de agua potable mediante la construcción de acueductos y embalses.  Organismos como el Instituto Nacional de Higiene (1938), el de Nutrición (1949) contribuyeron dotando de conocimientos al Ministerio acerca de las enfermedades como de las alternativas de alimentación de la población. Estas medidas, entre otras, permitieron que Venezuela bajase sus altas tazas de mortalidad, su población creciese y llegara a alcanzar, a finales del siglo XX, a una esperanza de vida de 70 años o más.

    La construcción de una infraestructura, esto es, carreteras, caminos, aeropuertos, puentes, puertos, así como las variadas edificaciones públicas necesarias para alojar las unidades de sanidad y de educación como de las nuevas unidades del Estado estuvieron a cargo del MOP. Ello impulsó  una expansión de las obras públicas, ahora destinadas satisfacer las necesidades de una sociedad más diversa y extendida en los diversos paisajes naturales del país, razón por la cual se recurrió a los saberes de la cartografía, cuya Oficina Nacional estuvo adscrita al MOP. De igual manera, nuevos desarrollos urbanos en los centros existentes fueron diseñados y construidos por el Estado, a través del Banco Obrero, a  fin de alojar una población que rápidamente fue migrando del campo a la ciudad.  Las carreteras que se habían iniciado en la época de Gómez dieron lugar a la actual red de caminos, carreteras y autopistas, que han permitido conectar al país y derrumbar las barreras geográficas que habían obstaculizado la movilidad geográfica entre regiones y la mayor integración geográfica, económica y cultural de las diversas poblaciones venezolanas; a lo cual también contribuyó la el crecimientos  los medios de comunicación  como el telégrafo, la radio, la aviación. Dado la magnitud de las obras, el MOP contó con su propia Oficina de Calculo.  A la par de las iniciativas de salud pública y de alojar adecuadamente al venezolano, el Estado se planteó la necesidad de alimentarlo; desde el Ministerio de Agricultura y Cría (MAC)(1936) se pusieron en práctica diversas políticas destinadas a incrementar la producción vegetal y animal. Centros de investigación agrícola, agrupados luego en el Fondo Nacional de Investigaciones Agrícolas y Agropecuarias (FONAIAP)  han venido dotando al MAC de ejemplares híbridos para acrecentar la producción y de medios para combatir las diversas plagas de las cosechas del país. De igual manera el Instituto de Investigaciones Veterinarias (1940), organizado por Vladimir Kubes,  ha dedicado esfuerzos al despistaje de enfermedades que aquejan al rebaño nacional como otros rubros de proteína animal, especialmente a través de la creación de vacunas específicas en el país; lo cual le permitió en los años cincuenta, por ejemplo, eliminar en un período rápido el primer brote de aftosa en el país.

    La supervisión de la industria petrolera iniciado por Gómez, fue acrecentada por un mejor conocimiento del asunto petrolero, así como de un inventario de las riquezas del subsuelo; razón por la cual el Ministerio de Fomento (MF) creó el Servicio de Minería y Geología (1937); desde éste se coordinó diversas exploraciones del territorio, destacándose la de la Guayana venezolana, ubicándose desde ese entonces los yacimientos de hierro entre otros minerales, percibiéndose el potencial hidroeléctrico del río Caroní, así como las reservas forestales. Conocimientos que permitió a finales de los cincuenta y principios de los sesenta diseñar la ubicación del complejo siderúrgico e hidroeléctrico a las orillas del Caroní.

    La economía venezolana del siglo XX cuyo motor fundamental lo constituye el petróleo ha estado fuertemente influenciada por la ejecutoria del Estado. Este, en consecuencia ha sido el creador de las instituciones pilares del sistema, tal como es el Banco Central de Venezuela (1939), el cual  ha contado con el Departamento de Investigaciones Económicas, a través de los cuales se realizan investigaciones sobre la vida económica del país, destacándose en esta actividad el  alemán Ernesto Peltzer (1901-1975), y el venezolano José Antonio Mayobre (1913-1980).

    A partir de 1936, la educación venezolana experimentó un notable crecimiento en todos sus niveles; los estudios de primaria fueron seguidos por los que se realizaban en el Liceo que vino a alojar definitivamente el nivel de Bachillerato; el crecimiento de éste se reforzó con la organización del Instituto Pedagógico Nacional (1936) para la formación de profesores de secundaria; este tipo de acciones vendrían a la larga a sostener el desarrollo ulterior de la educación universitaria. El Pedagógico ubicado en Caracas, organizado por la Misión Chilena contratada por el gobierno, se convirtió en los años cuarenta y cincuenta en un centro científico e intelectual donde se congregaron venezolanos y extranjeros, cuyas actividades científicas e intelectuales aun para ese entonces no tenían cabida en la universidad. Entre ellos se destacaron los geógrafos Pablo Vila y Marco Aurelio Vila, el filósofo David García Bacca, el psicólogo Manuel Pérez Enciso, el filólogo Ángel Rosenblat, el polígrafo Pedro Grases, el matemático André Zavrotsky y el crítico literario Eduardo Crema, junto con los venezolanos, Jesús Reyes Baena (educador), Humberto García Arocha (médico), Francisco Tamayo (botánico), Manuel Montaner (educador). De igual manera, jóvenes venezolanos de los años cuarenta que se interesaban en la ciencia pudieron canalizar sus inquietudes al estudiar en el Pedagógico, entre ellos se destacan el biólogo José Vicente Scorza  y el fallecido  matemático Raimundo  Chela (1919-1984).

    Entre 1936 a 1958, la Universidad fue objeto de continuas y sostenidas reformas. Las nuevas tareas sociales y económicas que el Estado venezolano asumió a finales de los años treinta requerían del conocimiento de disciplinas distintas a las tradicionales profesiones liberales que se instruía la UCV y la Universidad de los Andes (ULA), hasta ese entonces las únicas existentes en Venezuela. Así, en un principio cuando los organismos como el MAC y el MF requirieron de agrónomos, veterinarios, y geólogos,  aparte de la contratación de expertos extranjeros, se crearon adjuntas a estas dependencias las Escuelas Superiores de Agronomía y Veterinaria (1938) y el Instituto de Geología  (1940), respectivamente. En las áreas de Agronomía y Veterinaria la planta docente estuvo integrada por una combinación de profesionales extranjeros y de venezolanos que habían estudiado en el exterior (Argentina, Uruguay, Puerto Rico). En tanto, en la geológica, a los venezolanos formados en el exterior se unieron profesionales extranjeros que trabajaban en las empresas petroleras.

    También extra muros funcionó la Escuela Libre de Estudios Económicos (1938); fue una iniciativa de los abogados Tito Gutiérrez Alfaro, José Manuel Hernández Ron, José Joaquín González Gorrondona y Arturo Uslar Pietri.

     Las cuatro escuelas (agronomía, economía, geología y  veterinaria) al correr del tiempo fueron incorporadas en la UCV, ahora en proceso continuo de creación de nuevas carreras disciplinarias y espacios para la investigación; respondiendo así, ya no sólo a las demandas de profesionales universitarios por parte del Estado sino también a las de una sociedad que estaba empezando a ser mas diversa y que requería de múltiples saberes para constituirse en moderna. Así que, por una parte, se actualiza el pensa de las carreras tradicionales como medicina, ingeniería, farmacia, y  se abren espacios para el bioanálisis, la arquitectura, y las especialidades de ingeniería eléctrica, petrolera,  química, mecánica; y por la otra, a partir de 1946 se auspicia la enseñanza de disciplinas aparentemente no ligada a necesidades notorias del Estado,  periodismo o comunicación social (1950), letras (1947), historia (1947), filosofía (1947), educación (1947), geografía (1956) y  psicología  (1956). También en 1946 se crea la Escuela de  Ciencias  dentro de la Facultad de  Ciencias Exactas,  luego denominada Ingeniería. La escuela fue  el  germen de la Facultad de Ciencias creada en 1958, organizada en escuelas de biología, química, física y matemáticas, agregándose luego, computación (1968). Será la primera Facultad de Ciencias en el país.

    El proceso de incorporación de nuevas disciplinas no se detiene durante la dictadura de Pérez Jiménez, a pesar de  su intervención en el seno universitario para perseguir a quienes lo adversaban políticamente. Fue en  los años cincuenta  cuando la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, que hasta ese entonces constaba de la Escuela de Economía,  experimentó una expansión al dar lugar a las de Contabilidad (1946), Estadística (1950), Estudios Internacionales (1950) y  Sociología y Antropología (1952).

    Se incentiva la modernización y crecimiento de la ULA y en 1946 se reabre la Universidad del Zulia (LUZ). En la primera se crea la Escuela  la de  Ciencias Forestales (1948), y en de la Escuela de Ingeniería (1932), se abre la especialidad de petróleo (1951); también se organiza la Facultad de Humanidades. En los cincuenta, LUZ, además de las carreras tradicionales en medicina, derecho e ingeniería civil, ofrece estudios en  ingeniería de petróleo, economía y agronomía.

    La otra característica de la nueva universidad venezolana es la aparición en su seno de espacios para la investigación, la cual empieza a ser vista a finales de los cuarenta como otra de las actividades propiamente universitarias; de esta manera la sociedad venezolana empieza a ponerse tono con las tendencias universitarias mundiales. A lo largo del lapso entre 1940 a 1960 surgirán los institutos de investigación en  cada área; así en la UCV, donde ello primero ocurre es en la medicina, donde se organizan el Instituto de Medicina Experimental (1940), de Medicina Tropical (1947); seguidos por los de Economía (1947), Penales y Criminológicas (1947), el Económicas y Sociales (1947) y el de Psicología (1949). Luego, en los cincuenta, surgieron el  Anatomopatológico (1954), Medicina y Cirugía Experimental (Veterinaria) (1955) y Producción Animal (Agronomía) (1955).  Esta tendencia abarcará a todas las ramas del saber y el papel de los profesores extranjeros como el médico y fisiólogo catalán Augusto PiSuñer (1879-1965)  en el Instituto de Medicina Experimental  y del médico alemán Martín Mayer (1875-1951) en el de Medicina Tropical, serán vital para la introducción e institucionalización de la investigación universitaria.

    En el ámbito privado aparecen la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) (1951) y la Universidad Santa María (USM)(1953); la primera es una iniciativa de la Conferencia Episcopal Venezolana, quien encomienda a la Compañía de Jesús la organización de la universidad, la cual comienza sesionar en 1953. En tanto la USM, es producto de la voluntad de un seglar, la educadora Lola de Fuenmayor.

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8. La ciencia en la democracia: 1958 a 1998

 

A partir de 1958 ocurre la estabilización de la vida política mediante el Pacto de Punto Fijo donde los partidos políticos acuerdan las reglas del juego democrático; los sucesivos gobiernos ponen y/o continúan políticas del Estado destinadas a fomentar la industrialización para la sustitución  de la importación de bienes finales, junto con la reforma agraria y la expansión de los servicios públicos (infraestructura vial y urbana, salud); ello dará lugar a la masificación de la educación desde la primaria a la universitaria. La expansión de la instrucción universitaria, facilitará la creación de nuevos espacios para el desarrollo de la ciencia; y al extenderse el sistema universitario a las provincias, permitió a estas acceder eventualmente al mundo científico, lo cual se inició con la creación en 1958 de la Universidad de Oriente (UDO) y la reapertura de la Universidad de Valencia, ahora de Carabobo (UC).

    La investigación científica que en los años cuarenta a los cincuenta estuvo alojada casi exclusivamente en las oficinas de los ministerios, tendrá una nueva oportunidad de desarrollarse mas libremente en la  universidad estatal y autónoma que es el núcleo del sistema universitario venezolano construido durante este período del siglo XX. Es un vasto y complejo sistema, un tanto desarticulado que evolucionó de principios de los sesenta  de  tres universidades estatales (UCV, ULA y LUZ) y dos privadas (UCAB y USM)), a uno expandido por casi todo el territorio nacional, integrado principalmente por universidades estatales autónomas y semiautónomas, colegios e institutos universitarios tutelados por el Ministerio de Educación, junto con similares entes de carácter privado. Si bien por ley,  la investigación  es una de las tareas fundamentales de la universidad, esto no se cumple a cabalidad y es un objetivo por alcanzar todavía, tanto en las instituciones estatales y mas en las privadas.

Con la creación en 1958 de la Facultad de Ciencias en la UCV, se completa la actualización y modernización de la universidad venezolana; en los años siguientes otras universidades estatales empezaran a contar con sus respectivas facultades de ciencias (ULA, LUZ y UC) o con los respectivos departamentos de ciencias como la UDO y la Universidad Simón Bolívar (USB).

    Para 1973 la Universidad del Zulia crea su Facultad Experimental de Ciencias y en 1993 lo hace la Universidad de Carabobo. La Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (UCLA), con sede en Barquisimeto, estado Lara, cuenta con una Escuela de Matemáticas.

    En la UCV, a partir de 1958,  se impulsan la creación de mas institutos de investigación en las diferentes facultades. En la de Ciencias surgen el de Geoquímica y Zoología Tropical; en Ingeniería, el Instituto de Modelos y Materiales Estructurales (IMME) (1962). Arquitectura organiza los  Institutos de Urbanismo y de Desarrollo Experimental de la Construcción (IDEC) (1975); este último produce y comercializa soluciones tecnológicas, además de prestar servicios y asesoría a la industria de la construcción.  En el área  médica, el profesor y científico venezolano Jacinto Convit funda el Instituto Nacional de Dermatología (1965), que luego se transformará en el Instituto Nacional de Biomedicina (1984). En Humanidades surge el Instituto de Geografía y Desarrollo Regional (1979), y en Derecho, se establece el Instituto de Estudios Políticos (1958) con el español Manuel García Pelayo (1909-1991) a la cabeza. Finalmente, en un esfuerzo de formar los planificadores que el país requería para la nueva etapa de desarrollo que se vislumbraba a principios de los sesenta, con la creación de la Oficina de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República (CORDIPLAN) (1959), el Consejo Universitario de la UCV organiza un ente universitario adscrito al vice rectorado académico, orientado a la investigación y formación de postgrado en el área del desarrollo económico, social y  político, el Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES) (1961), bajo la guía del economista chileno Jorge Ahumada (1917-1965).

    Las otras universidades siguen los pasos de la UCV creando diversos Institutos de Investigación; se indicarán algunos de ellos, pues la nómina es extensa. En UDO nace con el Instituto Oceanográfico de Oriente (1958); en LUZ el doctor  Américo Negrette organiza  el Instituto Investigaciones Médicas en (1959), y en 1971, surge -el primero de su campo- el Instituto del Petróleo (IMPE-LUZ). En ULA el Instituto de Geografía y Conservación de los Recursos Naturales Renovables (IGCRNR) (1959); éste auspicia en 1962, la organización de la Escuela de Geografía en esa casa de estudios. En el sector privado se destaca el Instituto de Estudios Avanzados en Administración (IESA)(1965) que lleva a cabo labores de docencia  de Postgrado e investigación el área de la gerencia de organizaciones públicas y privadas. La Universidad Católica Andrés Bello cuenta con el Instituto de Investigaciones Históricas y el de Investigaciones Económicas y Sociales.

     A partir de los sesenta, ya sea  a través de los Institutos de Investigación, cátedras o departamentos, los profesores universitarios, si bien no su mayoría, convirtieron a la  universidad pública en la columna vertebral del actual  sistema científico y tecnológico que tiene el país, lo cual se ve reflejado en el número de investigadores perteneciente a este sector, así como en las publicaciones científicas y las actividades de desarrollo e innovación. La UCV, la ULA, la  USB y el Instituto de Investigaciones Científicas (IVIC) han jugado un papel importante en ese proceso.

    A la tendencia de la investigación fuera del ámbito ministerial se une la  del Instituto de Investigación Autónomo; algunos pueden responder concretamente a consultas de entes del Estado, otros dotan al país de información y conocimientos en variados campos del saber y la tecnología.  Entre ellos se encuentra el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) (1959), en el cual institucionalizó la profesión del científico, el cual debe contar con formación de postgrado y trabajar en la investigación a tiempo completo. Desde sus inicios, el IVIC se propuso ser un centro de excelencia en la investigación  y de hacer visible a Venezuela en el mundo internacional de la ciencia, a través de las publicaciones científicas de sus investigadores en revistas internacionales de reconocido prestigio en los distintos campos del saber, aportando entre un 28 a 30% de la producción venezolana internacional. Evolucionó de un centro en donde predominaban los médicos (1959) a un instituto multidisciplinario en  biología, química, física, matemática y ciencias sociales (antropología y estudios sociales de la ciencia), con una planta de científicos mayoritariamente venezolana; si bien interesado en la búsqueda del conocimiento o ciencia básica, también toma en consideración  los problemas prácticos y/o vinculados a necesidades del país. Ejemplo de ello es haber auspiciado proyectos institucionales propios como el Centro Tecnológico; o fuera del mismo como el INTEVEP, cuando una parte de su grupo de química en catálisis se trasladó a este ente; simular situación ocurrió con el grupo de ingeniería y la Fundación Instituto de Ingeniería. El IVIC ideó, construyó y puso en funcionamiento a través de su empresa QUIMBIOTEC, S.A., la planta de procesamientos de hemoderivados sanguíneos para abastecer al mercado nacional en estos rubros. Cuenta con la Biblioteca Marcel Roche, la cual trabaja 363 días del año y ha sido designada por la UNESCO como la Biblioteca Regional de Ciencias de América Latina y el Caribe (1999).

    Otro instituto autónomo es el  Centro de Investigaciones Astronómicas Francisco José Duarte (CIDA) (1975) localizado en el páramo merideño, encargado de auscultar los cielos.  Gracias a la presencia del CIDA, los venezolanos han podido participar en la exploraciones del cosmos, permitiéndoles identificar en el  año 2000 un nuevo miembro del sistema solar, el EB173, así como 168 jóvenes estrellas en la constelación de Orión. En tanto la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS) (1972), recoge y analiza información sobre el comportamiento de la corteza terrestre sobre la que se ha instalado la sociedad venezolana, y proporciona directrices y normas para la construcción de edificaciones en zona sísmica como lo es Venezuela, ubicada en el norte de la placa de Sudamérica y su unión con la del Caribe.

    En el ámbito mas tecnológico se hallan el Centro de Investigaciones del Estado para la Producción  Agroindustrial (CIEPE), (1974) ubicado en el estado Yaracuy y la Fundación Instituto de Ingeniería (FII) (1982) en al área metropolitana de Caracas. Todos estos institutos de investigación autónomos están  ahora adscritos al Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT).

    A pesar que el Estado venezolano cuenta con numerosas empresas, entre ellas las denominadas básica o industriales, es notoria la ausencia a su interior de unidades de investigación y desarrollo tecnológico, como en un momento lo tuvieron la Compañía Anónima Teléfonos de Venezuela (CANTV) y la Siderúrgica del Orinoco (SIDOR), con poco impacto; la excepción lo constituye el INTEVEP (1976) perteneciente a Petróleos de Venezuela (PDVSA),  cuyos investigadores crearon la Orimulsión, un nuevo tipo de combustible a  partir del petróleo y diseña patentes registradas en Estados Unidos, Europa y Venezuela; contribuyendo a que PDVSA tenga una capacidad propia de conocimientos y tecnología, no sólo en las áreas de exploración y comercialización del petróleo, sino la posibilidad de devengar ingresos por productos colaterales del mismo negocio.

    A raíz de la explotación de las  minas de carbón en el Guasare (Zulia) (1979), CORPOZULIA, LUZ y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) unieron sus esfuerzos para crear el Centro de Investigaciones Carboníferas y Siderúrgicas (CICASI). Al cambiarse los planes carboníferos y siderúrgicos en esa zona, el Centro estuvo a punto de cerrar. LUZ tomó cartas en el asunto convirtiéndolo en el INZI-CICASI (1985), ampliando sus objetivos para contribuir al desarrollo tecnológico y científico de la región zuliana, al interesarse además del carbón por la geología, química aplicada, ambiente y corrosión.

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9. El aporte del sector privado

 

Ya se ha indicado, en parte, su contribución en el sistema educativo universitario, más bien en términos de la formación de recursos humanos calificados, y salvo en raras excepciones, las universidades privadas escasamente hacen  investigación propiamente. Fuera de ese ámbito, las actividades privadas siguen orientadas, al igual que en el siglo XIX, a la organización de sociedades, entre las cuales se destaca la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales (1931), la cual tempranamente llamó la atención sobre la necesidad de poner en práctica una política de conservación de los recursos naturales, o  la conveniencia de la creación de Parques Nacionales, a partir de espacios como Rancho Grande, hoy Parque Henri Pittier. La sociedad cuenta con una estación experimental y publica su Boletín.

    La Sociedad de Ciencias de La Salle (1940) creada por el religioso salesiano Pedro Madazen, también conocido como el Hermano Ginés, fue creada por éste para alentar entre los jóvenes el interés por las ciencias naturales; la Sociedad cuenta con un Museo donde se conservan y clasifican en colecciones el material botánico, zoológico, mineral y etnológico que se recoge de las diversas expediciones que organiza la sociedad. También cuenta con un Boletín.

    La Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (ASOVAC) (1950), desde su fundación ha propiciado la investigación en el país; ASOVAC ha sido el núcleo de la comunidad científica venezolana que emergió en las universidades estatales,  a través de su presencia descentralizada en las diversas regiones del país. Dotó a la comunidad científica de una ideología y de un proyecto de construcción de la ciencia a través de la universidad que investiga y enseña a la par; para lo cual, la institución debía contar con un ente como del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) que permitiera financiar la formación del profesorado  y la investigación científica y humanística; contar con un núcleo o facultad de ciencias y el profesor universitario debía ser profesional a tiempo completo y remunerado adecuadamente por ello, pero a la par evaluado por sus actividades, para lo cual debía establecerse el escalafón universitario.  Otra de las facetas de la ASOVAC es la de haber sido el semillero de la formación de líderes de la ciencia en el país, destacándose entre ellos Francisco De Venanzi (1917-1987),  Tulio Arends (1918-1990), Miguel Layrisse (1919-2002) y Marcel Roche (1920-2003) entre otros.

    ASOVAC, desde 1950, organiza la Convención Anual, una reunión multidisciplinaria que se efectúa cada año en una región distinta y que constituye el evento científico nacional por excelencia. También publica la Revista Acta Científica Venezolana (1951).

    La filantropía a favor de la ciencia es uno de los objetivos de varias fundaciones privadas. Pionera de ellos ha sido la Fundación La Salle (1957) al crear el Instituto del Caribe de Antropología para incentivar la investigación de esta disciplina en el país; el Instituto también se encarga de la Revista Antropológica. Por su parte, la Fundación Polar (1977), estimula el reconocimiento de los científicos con el Premio Lorenzo Mendoza Fleury (1983), las publicaciones, entre ellos el Diccionario de Historia de Venezuela, la subvención de proyectos de investigación en las áreas de la investigación agrícola, la alimentación y el ambiente, y la organización y mantenimiento de archivos del país en la Casa de Estudio de la Historia de Venezuela Lorenzo A. Mendoza Quintero. Otra, como la Fundación Phelps que tiene a su cargo la  Colección Ornitológica; y la Fundación Boulton guarda y clasifica valiosos documentos y objetos históricos relativos a la historia del país.

    La industria privada, al igual que la estatal ha sido poco proclive a la creación en su seno de unidades de investigación tecnológica; no obstante esta instancia existe en varias, entre ellas,  las Empresas Polar. Esta última, en los años ochenta al interior del conglomerado de sus empresas organizó una gerencia nacional de biotecnología (1986-1987), destinada a capacitar al personal de las empresas, y a aplicar la ciencia básica con miras a dotar a las mismas de nuevos productos que faciliten su diversificación industrial. Mantiene estrechos nexos con laboratorios de las universidades y del IVIC, para lo cual se financia parte de estos. Del seno de una de las empresas del grupo Polar surgió la harina precocida de maíz, que ha permitió masificar el consumo de la arepa en el medio urbano.

     El sector químico industrial contiene algunas empresas que han desarrollado sus actividades a partir de pequeñas adaptaciones tecnológicas acordes con las condiciones y necesidades locales, o ideando nuevos procesos de producción en las resinas, como es el caso de RESIMON, C. A. Otros, a partir de investigación industrial, pueden aprovechar mejor la materia prima local, o idear nuevos procesos para producir nuevos productos relativos al empaque industrial de alimentos, tal como lo ha hecho Montana Gráfica C. A.

    Al igual que en el sector público también existen unidades privadas dedicadas a la investigación aplicada y al servicio técnico. El más antiguo de ellos es el Servicio Shell para el Agricultor (FUSAGRI) (1952); FUSAGRI se orienta al desarrollo de la agricultura; tiene su sede en Cagua (Aragua).

    Por su parte el Instituto Venezolano de Investigaciones Tecnológicas e Industriales (INVESTI) (1959)  fue una  iniciativa pionera por parte de ingenieros que en los tempranos años sesenta juzgaban que debía existir una unidad que permitiera dar servicios a la industria, lo cual no fue resultó positivo en vista que la mayor parte de este tipo de servicios las industrias lo contrataban en el exterior; mas  éxito ha tenido INDESCA (1983), localizada en Maracaibo para satisfacer las necesidades de la industria química de la región.

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10. Otros ámbitos de la ciencia: el museo y el archivo

 


Si bien se ha asociado la investigación científica y tecnológica con la universidad, el instituto de investigación o el laboratorio de desarrollo tecnológico en la industria, existen otros espacios que contribuyen a guardar y preservar de manera activa el patrimonio científico del país; ellos son los museos, las colecciones y los archivos que además de ser escenarios de exposición y divulgación científica, también se realiza investigación en su seno.

    Hay  una variedad de este tipo de instituciones; así en el campo de las ciencias naturales están los herbarios, destacándose la Fundación Instituto Botánico de Venezuela ubicado en el Jardín Botánico de la Ciudad Universitaria de la UCV. Este Jardín es el resultado de la obra de Pittier el cual, a partir de 1938, continuó su trabajo en el MAC, en el Servicio Botánico. Luego, sus alumnos contribuyeron a que este fuera ubicado como parte de la Ciudad Universitaria. En dicho Jardín,  ecólogos y botánicos indagan acerca de la Taxonomía, Biosistemática, Ecología, Fitogeografía, Anatomía y Conservación.  Publica la revista Acta Botánica Venezuelica.

    En la rama de la zoología están la Colección Ornitológica Phelps. La Colección es la mas completa del país en cuanto a aves, reuniendo unos 80.000 ejemplares que corresponden a 1.365 especies que habitan en el territorio nacional.  Es sostenida por la Fundación William H. Phelps, que paga tanto su personal científico y técnico que continua acrecentado su desarrollo.  El iniciador de la Colección, fue William Henry, padre (1875-1965)  quien vino a Venezuela en 1896, recogiendo ejemplares para su tesis en la Universidad de Harvard, donde cursaba estudios de zoología, los cuales completó. Regresó en 1898 para establecerse definitivamente en el país, cansándose con una venezolana. Su hijo, William H, (1902-1988) mejor conocido como Billy, se graduó en Princenton (1926) con un Bachelor in Science en Zoología. También participó en la Colección  Kathleen  Deery de Phelps, esposa de Billy.  Los dos William fueron Individuos de Número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, en tanto la señora Phelps, fue Miembro Correspondiente Nacional.

    Existen museos que también conjugan la exposición con la investigación. El Museo del Instituto de Zoología Agrícola Francisco Fernández Yépez (MIZA) (1948), adscrito a la UCV, recolecta ejemplares de difícil acceso o en peligros de extinción; es un centro de referencia para la identificación de ejemplares para casos de plagas agrícolas y animales ponzoñosos. Tiene la mejor colección país de insectos y arácnidos.

    Muestras de diversos animales se encuentran en la sección de historia natural del Museo de Ciencias Naturales en Caracas;  los Museo del Mar en Margarita (Boca del Río) y el de Cumaná cuentan con grupos de trabajo en el campo de la ictiología o peces.

    El patrimonio arqueológico y etnográfico permite conocer la formación del pueblo venezolano. Ese patrimonio arqueológico nacional  está repartido en diferentes entidades, así el Museo de Ciencias Naturales contiene una parte importante de piezas arqueológicas precolombinas entre ellas la figura de la Venus de Tacarigua, perteneciente a la Cultura Valencioide,  grupo humano que habitó las orillas del hoy Lago de Valencia.

    La  Sala Arqueológica José María Cruxent ubicada en el IVIC, expone de una manera accesible y gráfica los resultados de las investigaciones del Departamento de Antropología, así como parte de las colecciones arqueológicas y etnográficas que han recabado sus investigadores.

    Lara, cuenta con varias en localidades en donde se han encontrado evidencias arqueológicas de los diversos grupos humanos han vivido en esas tierras en los últimos 2.000 años. Una muestra  se expone en el Museo Arqueológico de  Quibor.  En el Táchira,  el Museo del mismo nombre cuenta tanto con una Sala Arqueológica y otra de Etnología, donde se dan a conocer los resultados de las indagaciones del departamento de Antropología del Museo. Otro tanto ocurre en Mérida con el Museo Arqueológico adscrito a la ULA; en Coro se encuentra  el Museo de la Loza Popular , fundado por iniciativa del profesor José María Cruxent, quien también fundara el Departamento de Antropología en el IVIC (1959)

    La memoria histórica del país es el objeto del cuidado tanto de los desvelos del Estado como del propio sector privado, algunos ejemplos ya han sido mencionados. El Archivo General de la Nación ubicado en Caracas, cuenta con un edificio propio desde 1911, y alberga  valiosos legajos que van desde la época colonial (1535),  hasta nuestros días, abarcando documentación de las dependencias gubernamentales (Legislativo, Ejecutivo y Judicial). Su personal recupera la memoria del país que se encuentra en archivos del exterior.

    La Academia Nacional de la Historia ha contribuido a la tarea de la preservación de la memoria, al organizar  mantener  su respectivo Archivo, alojando los papeles de diversos prohombres de la república. Cuenta con un Departamento de Investigaciones que hace buen uso del material del Archivo. Los resultados de las investigaciones se pueden leer en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia.

    La Presidencia de la República también es depositaria de un valioso legado ubicado en el Archivo  Histórico de Miraflores, organizado por el historiador y luego Presidente de la República Ramón J. Velásquez. Publica el Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, donde se detalla aspectos del acervo como de trabajos realizados en la unidad.

    El sector privado también ha participado en la recuperación de la memoria del país, cabe destacar entre ellos la Fundación John Boulton, con la sede de su archivo en Caracas y su casa exposición en La Guayra; tiene una revista electrónica, Kronos. La biblioteca Pedro Manuel Arcaya  que contiene libros, periódicos y documentos de este alto funcionario de la época de Juan Vicente Gómez; funciona adscrita a la Biblioteca Nacional.

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11. La política científica y tecnológica

 


Las Academias Nacionales hasta finales de los sesenta del siglo XX habían sido las únicas instituciones del Estado que tenían entre sus tareas especificas el estimular el desarrollo de la ciencia en el país; creadas las primeras a finales del XIX y principios del XX, (la Lengua, Historia, Medicina, Ciencias Políticas y Sociales, y Físicas, Matemáticas y Naturales) en los ochenta del XX se completó el cuadro disciplinario con la fundación la  Academia  Nacional de Ciencias Económicas (ANCE)(1983). Estas instituciones han orientado sus actividades hacia lo honorífico a excepción de la Medicina y eventualmente la de Historia. Las Academias Nacionales como tal han sido lentas en seguir de cerca el desarrollo de la ciencia en Venezuela y en reconocer como integrantes de ellas  a  los nuevos de investigadores que ahora tiene el país; un ejemplo de ello es que la de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales tiende poco a incorporar a los profesionales que hacen investigación en biología, química, física, y si mas a los ingenieros que ejercen la profesión.

    La  creación en 1967  del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT), a través de una Ley sancionada por el Congreso de la República constituyó el primer esfuerzo del Estado venezolano, ya no sólo por fomentar la actividad de investigación sino también por encauzarla mediante mecanismos financieros como las becas de postgrado, las subvenciones para proyectos básicos y aplicados, que eran adjudicados luego de la evaluación por comisiones de expertos. También, CONICIT inicio la práctica de planificación de la ciencia y la tecnología mediante la formulación de Planes de Ciencia y Tecnología.

    El CONICIT estimuló una política de regionalización de la ciencia creándose para ello las Fundaciones para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología  (FUNDACITE) en los distintos estados del país. Para reconocer la trayectoria de los científicos del país por su contribución al desarrollo de la investigación, creo el Premio Nacional de Ciencias, en las distintas áreas (Biología y Medicina, Física Química, Matemáticas, Ciencias Sociales y Humanística y el Tecnología); y para destacar aquellos trabajos anuales de investigación publicados, estableció el Premio Anual en cada de las distintas áreas disciplinarias. Organizó, a instancias de la comunidad científica, el Sistema de Promoción al Investigador (SPI) (1990), a fin de estimular la productividad de los investigadores del país al otorgarles aquellos que fueron evaluados positivamente un estipendio o beca equivalente a un varios salarios básicos. De igual manera, la continuación por las distintas autoridades de los programas de becas de postgrado (dentro y fuera del país), las subvenciones a proyectos de investigación y las ayudas a la actualización de la comunidad científica nacional (viajes a congresos y  pasantías) han permitido a los científicos en Venezuela vencer con mas facilidad el aislamiento científico y cultural de otras épocas.

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12. La ciencia en la República Bolivariana: 1999-2002

 


Con la llegada al gobierno de Hugo Chávez Frías en 1999, se crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) pasando a ser el CONICIT, ahora FONACIT (Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación) una de las instituciones adscritas a este despacho así como otras organizaciones como el IVIC, CIEPE, FII, CIDA, FUNVISES, Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) y el Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuarias (FONAIAP), ahora Centro de Investigaciones Agrícolas (CIA). El Ministerio dio importancia la búsqueda de recursos financieros como la promulgación de varios instrumentos jurídicos, entre los que se destacan la Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación (2000), lo cual permitía honrar al artículo 110 de la Constitución sancionada en el 1999, en la cual se establecía que el Estado reconocería “el interés público de la ciencia, la tecnología, el conocimiento, la innovación y los servicios de información  necesarios”, considerándolos como instrumentos fundamentales para el desarrollo económico del país, "así como para asegurar la seguridad y defensa nacional". De igual manera, indicaba que el Estado destinaría los fondos necesarios y crearía “el sistema nacional de ciencia y tecnología de acuerdo a una ley".

    El nuevo instrumento legal formó parte del conjunto de leyes que el Ejecutivo promulgó gracias a la habilitación que le otorgara la Asamblea Nacional en el 2001. El MCT  adujo urgencia para aprobar la ley, lo cual ocasionó fricciones con la comunidad científica que juzgó que el texto del nuevo instrumento debía ser objeto de una amplia consulta, lo cual implicaba contar con un tiempo mas largo que el establecido por el Ministerio.

    La Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación aprobada en agosto del 2001, es un intento de convocar a los sectores ligados directamente o aquellos potenciales de serlo a la ciencia y la tecnología, tanto públicos como privado, a fin de integrarlos en un sistema. Este debe atenerse a un plan de ciencia y tecnología confeccionado por el Ministerio (artículo 11). Este punto generó controversia, los integrantes de la comunidad científica a través de sus asociaciones, los Consejos de Desarrollo Científicos y Humanísticos, por ejemplo insistían en que hubiese una instancia en donde todos los actores (investigadores, empresarios públicos y privados, fundaciones del estado entre otros) del sistema pudiesen estar representados y participar en la elaboración del mencionado plan. Pero este punto no fue acogido en la ley promulgada. La ley también daba potestad al Ministerio de orientar los proyectos de ciencia y tecnología que las gobernaciones y municipios tuviesen a bien emprender (artículos 36, 37, 38 y 39). Finalmente, el Ministerio se convertía en el ente coordinador de los esfuerzos públicos y privados para financiar las actividades del Plan (artículo 26).

    Otro instrumento que fue modificado fue el Sistema de Promoción al Investigador (SPI) que buscaba, por una parte ser mas flexible en cuanto a las personas que podían ser incorporadas, al  no hacer  hincapié en la dedicación a la investigación. Y por la otra, buscó en un principio, obligar a los investigadores a publicar los resultados de sus investigaciones en medios nacionales al dar mayor puntuación a las revistas del país sobre las del exterior. Ambos aspectos generaron controversia y si bien la primera de ellas no se ha modificado, la segunda si lo fue a fin de eliminar el privilegio hacia las publicaciones nacionales.

El Estatuto de creación del IVIC (1959) fue sustituido por una ley (2000), la cual le permitió al MCT escoger los integrantes del Consejo Directivo del mismo, a excepción de los representantes laborales.

    Dentro del Plan de prioridades que promulgara el MCT, confeccionado sin consulta de los actores del sector científico y tecnológico, se recalca la idea de la necesidad de democratizar la ciencia, lo cual en la práctica llevó a financiar proyectos de investigación presentados por individuos que no son científicos, pero que el Ministerio ha identificado como personas que buscan resolver sus problemas a través de la ciencia.

   También desde el MCT se puso en marcha la idea de crear una red de centro de computación a fin de que la población tuviera acceso a la Internet, los llamados Infocentros. Este impulso hacia la informática  es parte de una acción más amplia, que consiste en que el Estado automatice una serie de tareas. En esta perspectiva se encuentra la Ley de firma electrónica aprobada para facilitar la confección de documentos oficiales y su divulgación electrónica; se ha intensificado la existencia de páginas electrónicas o WEB de los ministerios y otros entes del Estado, sumándose así, el Ejecutivo a los esfuerzos existentes en la red académica, los medios de comunicación social y otras organizaciones no gubernamentales (ONG). La propia Presidencia de la República mantiene actualizada una hoja WEB con información de las leyes promulgadas, la Gaceta Oficial, la agenda presidencial, así como los discursos, entrevistas e intervenciones del mandatario en el programa de radio “Alo Presidente”, entre otros.

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