Cintillo Oficial Gobierno
Laufer Weinfeld, Migue

Laufer Weinfeld, Migue

Durante los años 30 y aún después, las Jefaturas Civiles se enfrentaron a la inesperada tarea de inscribir el nacimiento de los niños con apellidos extraños. Laufer Weinfeld, por ejemplo, de nombre Miguel, así, en castellano. Algunos años antes, sus padres habían llegado de Europa, convulsionada e incierta; cuando nació Miguel, la guerra en Europa había comenzado hacía sólo tres meses. En los años siguientes, una educación laica en los mejores institutos del Estado sirvió para consolidar la venezolanidad de este hijo de inmigrantes que habían venido para quedarse. El Liceo “Andrés Bello”, ubicado relativamente cerca de San Bernardino, también tuvo la tarea de inscribir numerosos adolescentes
con apellidos extraños.

Apenas un año después de comenzar sus estudios de Medicina, Miguel ya trabajaba como aprendiz de científico en el Instituto de Investigaciones Médicas de la Fundación Luis Roche; luego pasó junto con éste, al recién creado Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Desde entonces Miguel se casó con la retina, y su padrino de bodas fue Gunnar Svaetichin, artífice del microelectrodo y científico de vasta imaginación, que había venido del Instituto Karolinska en busca de libertad para trabajar y de la cálida brisa del Mar Caribe. Cuando se graduó de médico a los 22 años, Miguel ya era coautor de tres artículos originales y tres capítulos de mecanismos neuronales de la visión del color y sobre las novedosas relaciones entre la neurona y la neuroglía.

Desde entonces, Miguel sólo se ha alejado de la retina en dos ocasiones, y no por mucha distancia. La primera ocasión tuvo lugar durante sus estudios de doctorado en la Universidad de California en los Ángeles. Armado como siempre de un microelectrodo, estudió entonces las neuronas del tálamo que reciben información desde la retina. La segunda ocasión tuvo lugar en el IVIC, cuando asumió la generosa tarea de ayudar a un científico incipiente a encontrar su propio camino ya despegar en su carrera. Esta vez, además del consabido microelectrodo, lo acompañó el microscopio electrónico para desentrañar los circuitos neuronales del techo óptico que se encargan de procesar la información proveniente -por
supuesto de la retina. Del resto, la fidelidad de Miguel por la retina ha sido total. Al mando de un ingenioso sistema generador de luces de todos los colores y formas (que sería la. envidia de la más refinada discoteca), se ha pasado la vida estudiando la manera como las células de la retina responden a los diversos colores, cómo éstas interactúan mediante relaciones de excitación e inhibición, cuáles son las bases eléctricas y moleculares de tales interacciones y cómo finalmente se elabora el mensaje que la retina envía al cerebro y que nos causa la maravillosa experiencia de conocer el color de las cosas. Miguel se consolidó como autoridad mundial en este campo ya los 41 años de edad, fue nombrado Investigador Titular del IVIC.

Con una inclinación profesional como ésta, no es de extrañar que Miguel también haya cultivado una refinada inclinación por las artes plásticas, especialmente por la pintura, que sea coleccionista de obras admiradas por quienes lo visitan, y que haya sido experto coordinador de la Comisión de Arte del IVIC y profesor en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas y del curso de postgrado sobre Luz, Color y Visión del Instituto Pedagógico. Más importante aún ha sido su obra docente en su propio campo de trabajo: la biología del sistema nervioso. Por su precoz experiencia, su voz grave y pausada, su inteligencia analítica y ágil, y sus chistes siniestros, han pasado estudiantes de la Universidad de California, la Universidad Simón Bolívar , varias facultades de la Universidad Central, y por supuesto, el IVIC, donde ha sido profesor de innumerables cursos tanto locales como internacionales. La labor de Miguel, además, ha sido protagónica en muchos proyectos, por ejemplo, el de la creación de una universidad para el IVIC, el de los estudios de postgrado en la Facultad de Ciencias de la UCV y en el del Centro de Estudios Avanzados del IVIC; y también en actividades como el manejo del Área de Biología del IVIC, el Programa Regional del Postgrado en el Área Andina de las Naciones Unidas, y las comisiones de postgrado, ciencias básicas, y premios anuales del CONICIT.

En la gerencia académica se inicia Miguel como Jefe del Departamento de Neurobiología del IVIC. Más tarde participó activamente en la gestión de la Planta Productora de Derivados Sanguíneos, fue Director Asociado de la revista Interciencia, pasó tres años en Washignton como Director de Asuntos Científicos y Tecnológicos de la Organización de Estados Americanos, antes había sido -y ahora sigue siendo- Director del Centro Latinoamericano de Ciencias Biológicas de la UNESCO en el IVIC, simultáneamente se desempeñó como Jefe del Centro de Biofísica y Bioquímica, y hasta el año pasado fue Director del IVIC, Presidente de la empresa QUIMBIOTEC y miembro suplente del Directorio del CONICIT. No fueron años fáciles los que le tocaron a Miguel en la compleja tarea de dirigir el IVIC. Heredó un Instituto que había capitulado ante el golpismo sindical, ya nivel nacional las autoridades de ciencia y tecnología enfatizaban -y todavía lo hacen- la ciencia relevante , con menosprecio de la importancia de instituciones como el IVIC. El Instituto agradece a Miguel su dedicación, su rectitud y su obra. Menos conocida en los medios académicos es la devoción de Miguel por Santa Cecilia. En efecto desde muy niño Miguel se ha dedicado a la música con innegable talento y envidiable buen gusto. Violinista, coleccionista y -como siempre- crítico implacable, Miguel es un libro de consulta para quienes compartimos la misma devoción.

También es devoto del Dios Baco; no por lo de las bacanales, que no cuadran bien con su rabínica actitud, sino por los vinos que degusta y los platos que él y su esposa, Linda Lee Fair, preparan para quienes tenemos la suerte de ser sus amigos. Entre los vinos de Miguel y Linda hay casi tantas obras de arte como entre los cuadros que adornan sus paredes. Científico, maestro, gerente, músico, experto en arte, humorista mordaz. Esposo, padre, ¡abuelo!. En fin amigo irrenunciable, constante, solidario, generoso:

  • Laufer Weinfeld,
  • Miguel, natural de Caracas -Shalom!


Visto por Horacio Vanegas, Investigador.

Fecha

20 Julio 2015

Categorias

Emeritos